ERC naufraga ante
Convergència víctima de sus propias trampas
Un gélido invierno se apoderó ayer de ERC,
convertido en el inesperado perdedor de la noche electoral y con el cuerpo
temblando porque su líder pasará la Navidad en prisión. Los republicanos,
favoritos en las encuestas, naufragaron con estrépito en su objetivo íntimo de
vencer de una vez por todas a su rival histórico, la antigua Convergència, que
sobrevive como la primera fuerza nacionalista en Cataluña. ERC obtiene 32
escaños, dos menos que Junts per
Catalunya y cinco menos que Ciudadanos, la victoriosa ayer. Su
secretaria general, Marta Rovira, se quedó sin lágrimas tras llorarlas todas en
una campaña en la que explotó cada uno de los barrotes de la celda de Oriol
Junqueras. Pero la vieja Convergència le volvió a ganar la partida con sus
mismas armas victimistas: la épica del exilio ganó al frío de prisión.
El efecto del «presidente legítimo» fue
demoledor para el partido republicano, que aspiraba al triunfo en Cataluña por
primera vez desde la Segunda República. Los republicanos centraron su campaña
en la ausencia de su dirigente más carismático, encarcelado por el desafío
planteado al Estado mientras que Carles Puigdemont paseaba su discurso por
Bruselas. Pero Artur
Mas se tomó la revancha y les mató con un mensaje de gran
impacto simbólico para el independentismo: que el «president legítimo», quien
había sido derrocado de la presidencia de la Generalitat, era Carles Puigdemont
y por tanto, que ganara quien ganara debía ser él quien fuera investido para
gobernar tras el 21-D.
El dardo alcanzó al propio electorado de ERC: un 40% de sus votantes
admitían en las encuestas que Puigdemont debería ser el restituido al frente de
la Generalitat. ERC se desgañitó avisando de la trampa: el expresident no
podría volver a España ni aún ganando, porque tiene cuentas con la Justicia.
«¡President Puigdemont!», gritaba Elsa Artadi, líder circunstancial de Junts
per Catalunya en la gran pantalla de la Estación del Norte, donde ERC siguió el
recuento como un mal sueño. ERC no se dejó envolver por la candidatura conjunta
propuesta por PDECat, y otra vez perdió lastrado en parte por una candidata de
urgencias, Marta Rovira, nefasta durante la campaña.
Tras un combate de cuerpo a cuerpo durante quince días con Ciudadanos, a
ERC no le quedó más remedio que felicitar anoche a Inés Arrimadas como la
vencedora de las elecciones. Su consuelo fue que la suma de los
independentistas sigue dando para gobernar, aunque mandará el PDECat. «El
independentismo ha ganado las elecciones y las ha perdido el señor Rajoy. La
república ha ganado al 155», gritó esforzada. Carme Forcadell, a su lado, le
susurró el recuerdo de Oriol.
A ERC no le bastó con sumar casi todo el voto prestado a la CUP en 2015,
cuando los votantes más radicalizados no le perdonaron que uniera su destino a
la «corrupta» Convergència.

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