Los antisistema se
estrellan y pierden la mitad de sus votos
Después de triplicar sus resultados en 2015
y pasar de los 3 a los 10 diputados, la CUP sufrió anoche un severo correctivo
después de que cerca de la mitad de sus votantes abandonasen el barco y
devolviesen al partido a registros similares a los de 2012, año en el que se
estrenaron en el Parlament. Antes de conocerse los resultados, la portavoz del
partido y número 10 por Barcelona, Núria Gibert, ya se había referido a la
campaña electoral como
«injusta», «desigual» y con «las cartas marcadas», pero el resultado
de la CUP, con 4 escaños y 187.895 votos (frente a los 337.794 de 2015), además
de enviar al partido al grupo mixto, evidencia que ese doble discurso basado en
la unilateralidad por un lado y en la agenda social por el otro no ha calado
entre su electorado. O, mejor dicho, ni entre aquellos que confiaron en los
antisistema para ejercer una labor de vigilancia al gobierno de Junts Pel Sí
que no se acabó materializando ni entre quienes los vieron como un acelerador
del «procés». Así, el nuevo candidato, Carles Riera, no ha conseguido
rentabilizar la deriva radical de un partido que, después de exigir la cabeza
de Artur Mas e investir a Carles Puigdemont como presidente de la Generalitat,
se instaló en la vía de la unilateralidad para nunca más regresar.
Con todo, y a pesar de reconocer que no
había conseguido el objetivo de dar forma a una mayoría de izquierdas ni en el
Parlament ni dentro del llamado bloque republicano, Riera se mostró ayer
satisfecho por lo que, dijo, había sido la «victoria de la República del 1 de
octubre» y celebró que el bloque independentista hubiese reeditado su mayoría
ante un Estado que, dijo, «ha jugado todas sus cartas y no ha podido ganar».
También avanzó que, pese a la debacle electoral, su partido «hará valer» sus
cuatro escaños en el Parlament.

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