Puigdemont
da la sorpresa a costa de una ERC desinflada y de una CUP anecdótica
Puigdemont se
reivindica como presidente legítimo
La astucia electoral que tradicionalmente se
atribuía a la vieja Convergència volvió ayer a imponerse frente a la candidez
que históricamente se ha atribuido también a Esquerra Republicana. Carles Puigdemont le pasó la mano por la cara a un
Oriol Junqueras que, anoche, muy probablemente para
siempre, dejó pasar la oportunidad de ganar unos comicios en Cataluña.
Con una lista confeccionada de espaldas a su partido, casi cuando todo el
mundo lo daba por desahuciado, Puigdemont logró no ganar los comicios -lo hizo
Inés Arrimadas-, pero sí adelantar a ERC como fuerza principal del soberanismo:
por pocos votos, poco más de 10.000 (apenas dos décimas), pero suficiente para
exigir el liderazgo de ese polo. En medio de la euforia, celebrando lo que se
leyó como una victoria sobre el 155, en Junts per Catalunya se celebró por
duplicado: en Barcelona y en Bruselas, donde el propio Puigdemont se
autoinvistió de nuevo como «president».
«Rajoy ha recibido una bofetada de los catalanes y
ha perdido el plebiscito», dijo el expresidente Carles Puigdemont desde
Bruselas. «La República ha ganado a la Monarquía del 155», añadió antes de
reivindicarse como «presidente legítimo» de Cataluña y asegurar que «Rajoy ha
de cambiar de receta». Si hace apenas un par de meses todos los sondeos
colocaban al PDECat en una posición residual, los resultados de ayer colocan a
los de Puigdemont de nuevo en el centro del tablero, y muy probablemente con la
posibilidad de hacerse de nuevo con la presidencia de la Generalitat. No lo va
a ser Puigdemont, pese a toda la retórica encendida de la restitución del
«president legítim», pero sí alguien del partido. El juego de equilibrios y
contrapoder entre el entorno de Puigdemont -una suerte de corte en Bruselas que
ha trabajado al margen del partido, o casi de lado, y que tiene en Elsa Artadi
su cabeza visible- y la propia formación va a ponerse a prueba. El presidente
«exiliado» tras sacar 936.821 votos, el 21,67% de los sufragios y 34 diputados,
querrá imponer su peso. Solo el pésimo horizonte que tiene por delante -o
«exilio» o cárcel- juegan en su contra, y en el PDECat no lo van a pasar.
En paralelo a la celebración en el PDECat, en las asociaciones
independentistas se leyó el resultado de ayer como una victoria del secesionismo, aunque no se
lograse aumentar el orcentaje de sufragios favorables a la ruptura. El
vicepresidente de la ANC, Agustí Alcoberro, ha aseguraba ayer que «el
independentismo ha ganado las elecciones con la mayor participación de la
historia» y exigió «la restitución inmediata del Govern legítimo, la libertad
de los presos y los exiliados políticos». La ANC -entidad que en campaña se
alineó con Puigdemont en detrimento de ERC- valoró «la victoria de una mayoría
absoluta independentista en un contexto difícil.
En este contexto, Alcoberro señaló que se trata de «una victoria
doblemente merecida y que debemos celebrar doblemente también». A gritos de
«Puigdemont president», el secesionismo, con más tesón que esperanza, se
dispone a prolongar el «procesismo».

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