Él es Justiniano Martínez, y ha querido lanzar un mensaje al
ex-Presidente de la Generalitat de Cataluña, Carles Puigdemont, quien quiere
hacer creer a todo el mundo que es un exiliado y que sus amigos son presos
políticos. Justiniano pasó 6 años en la cárcel por defender al PCE. Lo movieron
nada más y nada menos que hasta 5 veces de prisión, en las cuales lo torturaban
a diario y le hicieron sufrir una real pesadilla. Ésta es su carta:
¡Yo fui torturado! ¡Muy torturado! Me colgaban de los pies
con las esposas puestas. Y eso es terrible. Eso, o que te cuelguen por las
manos sin que llegues al suelo con las puntas de los pies. Las manos se te
hinchan y se te clavan los grilletes… También me ponían tumbado sobre una mesa
con unos rodillos en la espalda, aunque esa era la mejor tortura, porque te
desmayabas y no lo vivías. Eso sí, me rompió las vértebras y me jodió un riñón. El
Tribunal de Orden Público me condenó a seis años por asociación ilícita, por
ser un elemento peligroso para la seguridad del Estado”.
Después
de 8 días en comisaría, porque estábamos en Estado de Excepción, entré
directamente a la cárcel de Murcia por la enfermería», cuenta sin tapujos.
«Estuve 20 meses en preventiva, sin saber cuándo me iban a condenar, con una
hija de tres años fuera, otra de tres meses y una pareja con una mano delante y
otra detrás. De ahí pasé a la cárcel de Ocaña (Toledo), donde estuve siete días
sin ver la luz. Y de ahí a la tercera galería de Carabanchel (Madrid). Después
llegué a Jaén con el segundo grado y tras esto al penal de Palencia, para
finalmente conseguir la libertad condicional. Seis años…, Y podían haber sido
12….
Pese
a lo duro que es todo su relato, habla tranquilo. Pero se nota como los ojos se
le abren como platos y se le «revuelve el estómago» cuando alguien le pregunta
si los consejeros de la Generalitat encarcelados son presos políticos. O si,
por otro lado, Carles Puigdemont es un exiliado: «Desde el 76 no ha habido
presos políticos en este país. ¡Ni uno!». Explica dando un golpe en la mesa.
Que digan que son presos políticos es un insulto para los que sí
que lo fuimos. No están en la cárcel por sus ideas, están por vulnerar las
leyes y la democracia de nuestro país. Yo luchaba contra un Gobierno impuesto
por las armas, en un país que había decidido legítimamente su sistema. Y se
sublevó contra aquel régimen, que se llamaba Franco- Pero ahora no ocurre eso.
En España hay un poder legítimamente salido de las urnas que yo defiendo y
seguiré defendiendo. Pero claro, en seguida te dicen que eres un franquista o
un fascista. Quienes dicen eso no saben ni quién era Franco ni qué es el
fascismo. El que dice eso es un irresponsable.
Lo
que más me molesta es cuando escucho a dirigentes como Pablo Iglesias hablar de
presos políticos; no puedo contenerme: Me demuestra lo analfabeto que es.
Y te lo dice uno que no ha ido a la escuela. Pero la cultura es una cosa y la
inteligencia es otra. Su padre fue preso político y diciendo eso no tiene
respeto por la memoria que conoce.
«Que
digan que en España no hay libertad es una falacia. Cuando veo en Bruselas a
unos señores que se marchan de España, donde cada uno puede decir lo que le dé
la gana y organizarse como le dé la gana… Y vienen unos cuantos a decir que por
encima de todo está la independencia… ¡Hombre! Hay un límite, para ellos y para
mí, que son las normas de las que nos hemos dotado. ¿Exiliados? ¿De qué? Usted
ha vulnerado, ha engañado, ha ultrajado y ha robado. Y se ha ido a Bruselas
diciéndole a los demás que salgan a la calle… ¡Por ahí no paso!
Puigdemont
lo que es, es un “cagao”- Vale, es más que eso, es un cobarde que se va a
Bruselas y dice desde allí a la gente: “Venga mis muchachos, tirad para
adelante”. ¡Yo no me cagué nunca! Yo luché por conseguir lo que hoy
disfrutamos. Ellos no son represaliados, lo somos a los que nos represalió el
franquismo. Desde el 76 no ha habido un solo preso político en España.

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