El Gobierno de concentración con políticos es una opción
Tras la confusa comparecencia del presidente de la Generalitat
en el Parlament, cuya decisión de suspender la
declaración de independencia dejó desolados a sus
partidarios y estupefactos a los partidos nacionales, Mariano Rajoy envió un
«requerimiento» a Puigdemont para que aclare si declaró o no la independencia.
Es el primer requisito que establece el
artículo 155 en el caso de que una comunidad «incumpliere gravemente
las obligaciones que la Constitución y otras leyes le impongan».
El «requerimiento» salió de la Moncloa y abrió un tiempo
muerto en las hostilidades. Tiempo que el Estado aprovechó para celebrar el
rearme de la unidad política PP-PSOE -los
partidos que pusieron en pie y han gestionado el régimen del 78 durante 40
años- en la Fiesta Nacional.
El tiempo, sin embargo, sigue corriendo y esta próxima semana se
agotará con el vencimiento de los dos plazos que Rajoy le ha dado al
presidente de la Generalitat. El primero -para que conteste sí o no- se acaba
el lunes. El segundo -en el que se le exige que restaure la legalidad- finaliza
el jueves.
«Hemos pasado la semana de los desfiles triunfales, la Fiesta
Nacional ha sido un paréntesis ficticio, a partir de ahora empiezan los
problemas de verdad», advierten en el Gobierno y en el PP. «El problema de verdad»,
la madre de todos los problemas, es la aplicación del artículo 155 de la
Constitución para tomar el control de las instituciones de autogobierno de
Cataluña.
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