La otra es un órgano colegiado de altos cargos del Estado
Una norma copiada textualmente de la Constitución alemana, que
ha permanecido inédita en 40 años. Sólo una vez envió Felipe González un
requerimiento semejante al Gobierno canario por desobedecer normas fiscales
europeas y no fue necesario ir más allá porque las autoridades de las islas
obedecieron. Según fuentes del Tribunal Constitucional, «el artículo 155 es la
bomba atómica, está ahí como amenaza, pero a nadie se le ha pasado nunca por la
cabeza que hubiera que aplicarlo».
A pesar del optimismo de las declaraciones oficiales en las que
presidente, vicepresidenta y ministros se muestran esperanzados en que Carles Puigdemont ponga
freno al proceso independentista, fuentes del Gobierno señalan que tienen
prácticamente descontada ya la activación de esa norma legal, salvo que un
milagro de última hora lleve al presidente catalán a convocar elecciones
anticipadas.
Mucho más cuando el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, ya ha
dejado claro que está dispuesto a negociar con el Gobierno el contenido del
desarrollo de este artículo constitucional, si llega el caso de que Puigdemont
se mantenga en sus trece para proclamar la república catalana.
Los juristas y los expertos en Derecho Constitucional no son muy
explícitos a la hora de pronunciarse acerca de cómo debe desarrollarse el 155.
El Gobierno se adentrará, pues, en un territorio inédito que nadie ha
explorado. Los responsables de los servicios jurídicos del Estado y la
Presidencia del Gobierno trabajan a contrarreloj -y con un elevado nivel de
vértigo y estrés- desde hace dos semanas en busca de la fórmula jurídica para
tomar «las medidas necesarias para obligar» a la comunidad autónoma catalana
«al cumplimiento forzoso» de sus «obligaciones». Las «medidas» deberán ser
remitidas al Senado para su aprobación por mayoría absoluta.
Este periódico ha podido conocer cuáles son los planes y las
hipótesis concretas que el Gobierno tiene encima de la mesa para desarrollar la
norma constitucional si las autoridades catalanas no rectifican. El escenario
general con el que trabajan los servicios jurídicos del Estado es la
destitución de todo el Govern y su reemplazo por una superestructura general
paralela designada por el Gobierno central para hacerse cargo de la gestión
ordinaria de la administración autonómica catalana durante unos meses -de tres
a seis- y posteriormente convocar las elecciones autonómicas. La operación
político-jurídica es inédita, enormemente delicada, y está plagada de
incógnitas que los responsables de su ejecución habrán de resolver antes de
plantearla en el Senado.
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