La estructura que sustituya al Govern se encargará de la gestión
ordinaria
«No se trata de suspender la autonomía de Cataluña, eso no se
puede hacer, sino de garantizar el autogobierno, de restaurar la legalidad
estatutaria que se está incumpliendo. Pero respetando todas sus competencias y
sin privarla de sus instituciones de autogobierno. Cataluña no se va a
convertir en Ceuta y Melilla, la única parte del
territorio en la que el Estado sigue manteniendo muchas competencias», se
asegura desde el Gobierno.
Los abogados del Estado que trabajan en el plan de ejecución del
155 contemplan dos hipótesis generales para sustituir al presidente de la
Generalitat y a su Govern. La primera es un Gobierno de concentración en el que
participarían políticos de todos los partidos, incluídas algunas personalidades
nacionalistas críticas con el proceso independentista. Se trataría de nombrar a
un presidente de la Generalitat y a los correspondientes consellers de entre
personalidades con prestigio.
Entre los nombres que se han barajado -siempre con carácter muy
embrionario- figuran Josep
Borrell -catapultado a la actualidad por su discurso tras
la manifestación de Barcelona-, el ex ministro Josep Piqué, el ex dirigente
de Convergència Josep
López de Lerma e, incluso, el propio Josep Antoni Durán i Lleida.
Las fuentes consultadas señalan que esta opción de un Gobierno
político de concentración para sustituir a los actuales consellers no es la preferida
de Moncloa. Sobre todo por la dificultad para encontrar a los candidatos
adecuados para encabezar las distintas carteras y que quieran participar en una
operación de alto riesgo como ésta.
La segunda hipótesis sería un gobierno de gestión, más
«tecnocrático», y consiste en la creación de un órgano colegiado, compuesto por
altos funcionarios del segundo nivel del Estado -subsecretarios, secretarios de
Estado o directores generales-, que se harían cargo de los distintos
departamentos del Gobierno catalán, para gestionar los asuntos ordinarios. Este
órgano colegiado sería casi una copia de la comisión de subsecretarios y
estaría presidido por Soraya
Sáenz de Santamaría.
A partir de ahí, existen muchas dudas. La primera, si los altos
cargos designados para hacerse cargo de las funciones de las distintas
consejerías tendrían que desplazarse a Cataluña o ejercer desde Madrid. La segunda, qué hacer
con los escalones superiores de la administración autonómica catalana
-secretarios generales, directores generales-, que podrían ser destituidos o
mantenidos en sus puestos. También cabe la posibilidad de que se produzcan
dimisiones en bloque. La administración catalana tiene 300.000 funcionarios.
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