Rajoy espera fervientemente no tener que tomar una decisión
plagada de peligros
Aún habría una tercera posibilidad, menos desarrollada, que
consistiría en designar a un ministro para Cataluña que se hiciera cargo de la
administración en esa comunidad.
En cualquiera de los supuestos, la tesis que impera en el
Gobierno es que la superestructura de mando que sustituya al Govern no podría
tomar decisiones políticas, sino únicamente garantizar el normal funcionamiento
de la administración autonómica. Por poner dos ejemplos concretos, no se podría
alterar el status quo del
sistema educativo catalán, ni entrar a saco en TV3.
El Parlament tendría que seguir funcionando en paralelo. Los
servicios jurídicos del Estado interpretan que al Gobierno autonómico que
incumpla la ley -como es el caso- se le puede sustituir por otro que la cumpla
invocando el 155, pero no a los representantes de los ciudadanos.
Las fuentes consultadas admiten que el desarrollo de la
previsión constitucional plantea un sinfín de riesgos, dificultades e
incertidumbres. Tantas, que Rajoy desearía fervientemente no tener que tomar la
decisión de presentarse ante el Senado con un plan tan extremo.
La última palabra sobre la superestructura para sustituir al
Govern la tiene el presidente del Gobierno, obligado a negociar la fórmula
con Pedro Sánchez.
PP y Gobierno insisten en que las consecuencias políticas, económicas y
sociales de activar el
155 son imprevisibles. Y añaden que Puigdemont tiene en
sus manos la capacidad de impedir la adopción de medidas tan extremas,
excepcionales y peligrosas.
Puigdemont es el único capaz de evitar que tome cuerpo la
sugestiva y espectacular ilustración de Ricardo Martínez y Julio Rey que encabeza
estas páginas. Un presidente de la Generalitat introducido en Cataluña en el engañoso
artefacto festivo de la independencia que acaba destruyendo la propia
Generalitat.
ELMUNDO.es
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